Saltar al contenido
Portada » Reportajes » “Hola, ¿sabes quién soy? Soy Maribel, tu matrona”

“Hola, ¿sabes quién soy? Soy Maribel, tu matrona”

maribel-marquina-matrona
Comparte

Hace unos días, recibimos una llamada que comenzó con esta sencilla, pero poderosa frase. Al otro lado del teléfono estaba Maribel, la mujer que, sin saberlo, se ha convertido en un pilar imprescindible en nuestro camino hacia la maternidad y la paternidad. Su cercanía, su conocimiento y su forma de acompañar este proceso han sido un regalo caído del cielo. Pero lo más doloroso de todo es que su labor, tan necesaria, parece tener los días contados.

“Tengo los permisos para hacer la entrevista”, dijo acto seguido.

Y así, casi sin darnos cuenta, caminamos bajo la lluvia en dirección al emblemático arco de la Colonia de la Prensa. A pocos metros de allí, en un edificio discreto que para muchos pasa desapercibido, se esconde un lugar donde la vida y el cuidado cobran sentido. Allí trabaja Maribel Marquina, carabanchelera de pura cepa, matrona y defensora incansable de la salud pública.

Desde hace más de 30 años, su labor ha acompañado a cientos de familias en un momento crucial de sus vidas. Su historia no es solo la de una profesional sanitaria, sino la de una mujer que ha tejido comunidad en torno a la sexualidad, la maternidad y la crianza, con un enfoque cercano, reivindicativo y lleno de compromiso. Porque Maribel no solo atiende, escucha y orienta: construye lazos, desarma miedos y siembra confianza.

Fue mi amiga Ainhoa quien me habló por primera vez de Maribel. Estuvo en sus clases hace 20 años y, cuando le conté que íbamos a ser padres, no lo dudó: «Tienes que ir a ver a Maribel». No era una recomendación cualquiera, sino la de alguien que, dos décadas después, seguía recordando a su matrona con cariño y gratitud.

Un centro con historia

El Centro Municipal de Salud Comunitaria (CMSc) Carabanchel, donde Maribel ejerce su profesión, tiene un pasado que muchos desconocen. «Para los mayores del barrio, sigue siendo ‘la casa de la radio’. Se les quedó en el subconsciente», cuenta Maribel con una sonrisa. Sin embargo, la verdadera historia de este lugar va mucho más allá.

Este edificio albergó también la antigua Casa de Socorro de Carabanchel, un centro sanitario municipal que ofrecía atención médica y ayudaba a descongestionar las urgencias de los hospitales. «Era un punto de sanidad municipal magnífico y maravilloso», recuerda Maribel. Desde los años 80, el espacio ya compartía su uso con el entonces denominado Centro de Promoción de la Salud, impulsado por el alcalde Enrique Tierno Galván con un enfoque en prevención y educación sanitaria. Sin embargo, cuando en los años 90 se decretó el cierre de todas las Casas de Socorro de Madrid, el edificio pasó a dedicarse exclusivamente a este centro, que con el tiempo evolucionó hasta convertirse en el actual Centro Municipal de Salud Comunitaria.

«Cada distrito tiene necesidades de salud diferentes, y aquí no solo esperamos a que la gente venga, sino que salimos a la comunidad para promocionar la salud», explica. Y ese es precisamente el eje de su trabajo: prevenir antes que curar.

Centro Municipal de Salud Comunitaria de Carabanchel CMSc
El CMSc Carabanchel está situado en la calle Eugenia de Montijo, 90

Más de 40 años de vocación

Maribel lleva más de 40 años en la profesión y 31 en el CMSc Carabanchel. Su vocación, como ella misma cuenta, le viene desde pequeña. «Cuando nací, alguien le dijo a mi madre: ‘Ha tenido usted una matrona'», bromea. Decidió estudiar Enfermería, una carrera que acabó convirtiéndose en su gran pasión. Su primer destino, a los tres meses de comenzar la carrera, fue el Servicio de Oncología Ginecológica, donde conoció a Marisa, una profesional que marcaría profundamente su camino. «La tengo todavía en mi cabeza. Fue una mujer que me amadrinó y me transmitió esa pasión por la ginecología, por el respeto y el trato hacia las mujeres, incluso en los procesos más difíciles».

Fue en ese momento cuando comprendió que su vocación estaba en el acompañamiento, en el cuidado cercano, en la sanación desde la presencia y la empatía. Con ese convencimiento, tras completar su formación en Enfermería en la Universidad Complutense de Madrid, inició la especialidad en Enfermería Pediátrica, aunque su destino ya estaba marcado: la matronería. Maribel cursó ambas especialidades, hasta que finalmente decidió volcarse por completo en la que se convertiría en su verdadera pasión y en el motor de toda su vida profesional.

Su primer trabajo fue en la unidad de neonatos del Hospital San Francisco de Asís, antes incluso de terminar la carrera, donde empezó a comprender la importancia del vínculo con las familias. «Una de las niñas que atendí estuvo muy malita, pero salió adelante. Sus padres establecieron un contacto muy cercano conmigo, tanto que me hicieron su madrina. A mi chico, con quien estaba empezando a salir en aquel entonces, lo convirtieron en su padrino. Es una historia preciosa», recuerda emocionada.

El cambio de Carabanchel y de sus familias

Pero en un momento dado, Maribel decidió que quería conciliar vida familiar y laboral y opositó para ser la matrona del centro comunitario de Carabanchel, de su barrio. “Al principio pensé que sería algo temporal y que volvería a la atención hospitalaria en cuanto mis hijos fueran mayores, pero nunca volví”, señala.

En este tiempo, Maribel ha visto cómo Carabanchel se transformaba. «Hace 30 años, la mayoría de las parejas que atendía eran españolas, ya fueran de Madrid o de otras provincias. Había alguna persona migrante, pero eran pocas», explica. Con el tiempo, la llegada de población extranjera ha sido abrumadora, especialmente de origen latinoamericano. «Hace dos años, por primera vez, tuve un grupo exclusivo de mujeres migrantes, y fue espectacular. Había parejas de Ecuador, Perú, Marruecos, Colombia y Rumanía. ¡Qué potencia, qué maravilla!», señala.

El impacto cultural también se refleja en la manera en que las personas abordan la maternidad y la crianza. «El embarazo es un punto de unión entre culturas. Cada una trae consigo sus tradiciones, sus miedos, sus creencias, pero aquí encuentran un espacio donde compartir y aprender». Lo más bonito de aquel grupo fue ver cómo compartían entre ellas, “cómo se iban despojando de algunos tabúes o miedos culturales y adoptaban lo positivo de las demás”, explica.

Todas las familias caben

Otro de los aspectos que más ha hecho reflexionar a Maribel a lo largo de su carrera es la inclusión de las familias con dos madres en el sistema público. «Hace unos 16 años, tuve mi primera pareja de mujeres que venía esperando a su bebé. Al llegar, noté cierta tensión, como si estuvieran esperando a ver cuál sería mi reacción», recuerda. Sin embargo, para Maribel, la respuesta siempre es la misma: «¿Es tu pareja? Perfecto, pasad».

Porque el proceso de maternidad es el mismo, independientemente de la configuración familiar. «Una de ellas lo portaba y la otra lo tenía, pero la crianza es la misma». Con el tiempo, han pasado muchas parejas de mujeres por sus clases, y todas han vivido la experiencia con la misma ilusión, demostrando que el acompañamiento en la maternidad debe ser un espacio seguro y libre de prejuicios para todas las familias. Porque la diversidad no es un obstáculo, sino una riqueza que Maribel sabe fomentar muy bien en sus clases.

El papel de la matrona: más allá del parto

Para muchos, el rol de la matrona se asocia exclusivamente al parto. Sin embargo, Maribel reivindica que su labor va mucho más allá. «El acompañamiento empieza mucho antes y no termina en la sala de partos. Se trata de guiar a las familias en todo el proceso, desde el embarazo y la preparación psicológica que necesitan padre y madre, hasta la crianza».

Por sus manos han pasado cientos de familias de nuestro distrito, acompañando a generaciones en su camino a la maternidad. Tanto es así, que hoy ayuda a dar a luz a mujeres que, décadas atrás, estuvieron en el vientre de aquellas madres a las que también preparó para el parto.

Una de sus grandes luchas es la inclusión de los padres en todo el proceso. «Aquí mi prioridad siempre ha sido que venga cuanta más gente, mejor, dejando la puerta abierta para que siempre se pueda entrar a la sala, aunque se llegue tarde», dice tajante. «No es igual que te cuenten lo que se ha hablado en clase a que tú estés presente, escuches, participes y formes parte del aprendizaje». De hecho, desde hace años reivindica que este programa Materno Infantil se llame Parento Infantil, porque parento engloba tanto a la madre como al padre. “No lo he conseguido aún, pero sigo insistiendo. Y es que las palabras importan mucho”, remarca.

Los grupos de preparación al parto que coordina Maribel no solo se enfocan en la información técnica, sino en crear un espacio de confianza. «A lo largo de los años he visto cómo se formaban grupos de WhatsApp entre futuras madres y padres, que se mantienen activos después del parto y se convierten en redes de apoyo. Ese acompañamiento entre familias no tiene precio».

maribel-marquina-matrona-02

Un servicio en peligro de extinción

El problema es que servicios como el que ofrece Maribel están en riesgo. «Cada vez somos menos matronas. En los CMSc, quedamos cinco para todos los distritos», indica. Las plazas que se quedan vacantes no se reponen, y en los hospitales, la situación es aún peor. De hecho, las matronas del Hospital La Paz han denunciado recientemente que trabajan en condiciones insostenibles, con partos en habitaciones sin posibilidad de ofrecer epidural. El Colegio Oficial de Enfermería de Madrid ha alertado sobre la falta de personal: hay solo 15 matronas por cada 1.000 nacimientos, cuando la OCDE recomienda al menos 26. 

«Como somos peleonas, intentamos que la población que atendemos no sufra las consecuencias, pero la carga de trabajo es cada vez más alta», admite Maribel. Por ejemplo, hay matronas que están destinadas en varios centros de salud del SERMAS. Y cuando las cinco matronas que aún ejercen en los CMSc de Madrid, como Maribel, se jubilen, estos servicios desaparecerán, dejando un vacío irreparable en la atención a las familias.

¿Fomentar la natalidad sin matronas?

Ante este panorama, la defensa de estos servicios se hace imprescindible. «Si queremos fomentar la natalidad, hay que hacerlo con una base real. Y la base real es ofrecer calidad», insiste Maribel. «No puedes incentivar a la gente a ser padres sin un acompañamiento adecuado. ¿Qué pasa con el antes y el después? ¿Quién guía a esas familias, quién les ayuda a vincularse con su bebé?».

Pero su trabajo no se limita al embarazo. Maribel también participa en programas de educación afectivo-sexual en institutos y centros juveniles. «Hace 12 años empecé a ir al Centro Juvenil de Carabanchel Alto todas las semanas para asesorar a adolescentes sobre salud sexual, afectividad, emociones, miedos, consentimiento en las relaciones… Con la pandemia, se suspendió y cuando se retomó, ya no pude volver todas las semanas porque no teníamos personal suficiente. Ahora solo puedo ir una vez al mes y organizamos una ‘chococharla’, una manera idónea para generar un espacio de confianza sin móviles de por medio».

Ese tipo de trabajos comunitarios, que van mucho más allá de la consulta, son los que están en peligro de desaparecer. De hecho, Maribel teme que cuando ella se jubile, este proyecto no se renueve. “Este servicio es fundamental. Si queremos que los jóvenes estén informados y acompañados, tenemos que ir allí donde estén, en primera línea, no esperar a que vengan cuando ya haya un problema», advierte.

Mucho más que un servicio vinculado a parto y crianza

Como habréis podido dilucidar, el trabajo de Maribel y del Centro de Salud Comunitaria (CMCs) Carabanchel no termina con el parto ni con la crianza temprana. Su labor también es crucial para adolescentes, tanto chicos como chicas, que pueden acudir al centro para resolver dudas, disipar miedos y recibir información sobre salud sexual, afectiva y emocional. Y aunque algunos servicios, como el Programa de Atención a la Menopausia, se han perdido con el tiempo, estos centros siguen siendo espacios esenciales de prevención y promoción de la salud en todas sus dimensiones. Aquí se ofrece asesoramiento en salud sexual y reproductiva, orientación sobre anticoncepción e infecciones de transmisión sexual, y apoyo a la diversidad de género, garantizando un acompañamiento integral en cada etapa de la vida.

“He visto a jóvenes venir con incertidumbre, traídos por sus propias madres, buscando respuestas que no se atreven a preguntar en casa”, cuenta Maribel. En un mundo donde la desinformación y el miedo pueden marcar la diferencia en decisiones importantes, contar con un espacio seguro y accesible como este es vital. Porque la matrona no solo acompaña en el nacimiento, sino también en las etapas donde la orientación y el apoyo pueden cambiar vidas. Ojalá todos los adolescentes, y sus padres, supieran que en este centro encontrarán una mano tendida.

Centro Municipal de Salud Comunitaria de Carabanchel CMSc

Servicios para todas las edades

Pero hay más. El centro cuenta con programas de atención psicológica para abordar la ansiedad, el estrés y la soledad no deseada, un problema cada vez más presente entre los mayores de nuestro barrio. También desempeñan un papel fundamental en la prevención de enfermedades como la diabetes, el tabaquismo y otras afecciones crónicas, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población antes de que aparezcan problemas graves.

Dentro de su labor preventiva, también incluyen programas de vacunación, administrando dosis del calendario oficial, como la del tétanos o la tosferina en embarazadas, la de la gripe o el COVID, cuyo papel fue clave durante la pandemia, cuando estos centros se convirtieron en puntos esenciales de vacunación y orientación para la población. Además, desarrollan campañas específicas de salud pública dirigidas a la población general, adolescentes, adultos y mayores. En definitiva, estos centros no solo atienden, sino que acompañan, educan y fortalecen la salud de la comunidad desde un enfoque integral.

Un centro que debemos defender

Servicios del Centro Municipal de Salud Comunitaria de Carabanchel CMSc
Los servicios que ofrece el CMSc Carabanchel

No cabe duda de que el boca a boca ha sido, durante años, la mejor carta de presentación de estos centros. Las madres recomendaban a otras madres, las familias transmitían su existencia a nuevas generaciones y los vecinos sabían que, al otro lado de la puerta, encontrarían respuestas. Pero ese tejido social que antes mantenía vivos estos espacios se ha debilitado. Cada vez cuesta más que las personas lleguen hasta ellos, ya no hay la misma red de apoyo que existía antes. Y cuando los servicios públicos dependen más del boca a boca que de la propia administración que debería garantizar su continuidad, algo falla.

Y precisamente por eso, no podemos permitir su desaparición ni que se recorten sus presupuestos, su personal o los servicios que ofrecen. Si antes estos centros sobrevivían gracias a ese tejido social, hoy necesitan, más que nunca, el respaldo de quienes toman las decisiones. Su labor no solo impacta en la salud de quienes los utilizan, sino que contribuye al bienestar de todo el distrito, evitando problemas de salud mayores y reduciendo la saturación de los hospitales. La falta de recursos y el desmantelamiento progresivo de estos servicios ponen en peligro la salud de muchas personas, especialmente de aquellas que dependen de la sanidad pública para recibir información, apoyo y atención especializada.

Es nuestra responsabilidad como ciudadanos, conocer, utilizar y defender estos centros. No basta con lamentarnos cuando ya no están; debemos visibilizar su importancia, exigir que se mantengan y participar activamente en su defensa. La salud comunitaria es un derecho y una inversión en el futuro de nuestra sociedad. Sin estos espacios de prevención, información y acompañamiento, muchas personas quedarían desprotegidas. Apostar por su continuidad es apostar por una sociedad más sana, más informada y más humana.

Una matrona para Carabanchel

En definitiva, después de todos estos años, esta gran mujer, que recibe con alegría que su entrevista se publique un 8 de marzo—una fecha especial para ella, pues, entre otras cosas, fue el día en que supo que iba a tener una hija—, sigue siendo mucho más que una matrona: es un pilar para muchas familias de Carabanchel.

«Cuando llamo por teléfono a alguna de las personas que he acompañado en este camino, les digo: ‘¿Sabes quién soy?’. Y cuando titubean, les respondo con una sonrisa: ‘Soy Maribel, tu matrona'». Porque para ella, ser matrona no es solo un trabajo, es un vínculo que permanece en el tiempo, un lazo que une generaciones. “Y eso es lo que quiero, que las familias de Carabanchel sientan que tienen una matrona para ellas”.Ese reconocimiento, esa confianza construida a lo largo de décadas, es el mejor legado que dejará en su barrio el día que decida jubilarse. Pero su mensaje es claro y su ejemplo aún más: poned una matrona en vuestra vida. Porque, como bien demuestra Maribel, la salud comunitaria no es un lujo ni un privilegio, sino un derecho que todas y todos debemos defender.

actividades del Centro Municipal de Salud Comunitaria de Carabanchel CMSc

Comparte

7 comentarios en «“Hola, ¿sabes quién soy? Soy Maribel, tu matrona”»

    1. Totalmente de acuerdo contigo Sara, este artículo es un regalo único, que parte del corazón. Muchas gracias a ti por tu cariño. Abrazo grande

  1. Que necesario es dar voz a tan importantes trabajos, tenemos la suerte de conocer a Maribel es una gran persona y gran profesional, Gracias!

    1. Que alegría ver que me recuerdas! Os envío un abrazo enorme tanto a ti, tu pareja, tu hijo (ya mayor de edad!) y las gemelas. Muchas gracias

  2. Maribel es una gran profesional pero sobretodo una estupenda persona, hablo por mi experiencia durante mis dos embarazos. Si lo lee agradecerle su cariño y apoyo. Jubilación bien merecida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *