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Librería Papelería Carabanchel, un nuevo oasis en Marcelino Camacho

Óscar Peñate llegó a Carabanchel en 1997. Apenas superaba los 20 años y llegaba de Suiza, país donde se había trasladado con sus padres al poco de nacer. Su pasión en aquellos años era la música. Y más en concreto, el metal. Formó parte de varios grupos que marcaron época en el barrio como Tucán ST. y Greenwich, con quienes tocaba el bajo y el didgeridoo. Así consiguió adentrarse en un barrio del que nunca más ha querido salir. “Inauguramos incluso los locales del Gruta y toqué allí muchas veces. Sobre todo con Greenwich; éramos casi grupo residente. Cada vez que el Indio nos lo pedía, ahí estábamos tocando”, recuerda.

Casualidades de la vida, apenas dos años después de llegar a Carabanchel se mudó a la calle Jesús Castellanos. Uno de los motivos por los que eligió ese piso junto a su pareja fue la librería que había en la equina. “Siempre me han gustado mucho, pues mis padres son profesores”, me cuenta. Es más, reconoce que pensó: “El día que sus dueños se jubilen, me la quedo”.

Aquella librería era la famosa Seygar, que llevaba en esa calle desde 1983. Sus dueños, el matrimonio apellidado Serradilla y García, de ahí el nombre, gestionaba la librería con la pasión de los comercios de antaño. En 2014, echaron el cierre por jubilación tras más 30 años al frente y entonces Óscar vio que era su momento. “Llevaba un tiempo en paro y decidí apostar por quedármela”. Dicho y hecho. Seygar no llegó ni siquiera a cerrar. El día que el matrimonio Serradilla-García se jubiló, Óscar se hizo cargo del negocio.

En esos casi siete años, Óscar renovó la imagen de la librería. “He crecido entre libros y fotocopias y eso me sirvió para poner pasión en el negocio. Ahora es verdad que las fotocopias me gustan menos, pues tengo que hacer muchas cada día”, bromea.

Sin duda, abrir una librería en los tiempos que corren puede parecer un negocio arriesgado. Pero a Óscar le gusta arriesgar. Por eso, siete años después de aquella primera apuesta, ha decidido reabrir su librería con nueva imagen, nombre y ubicación a apenas 50 metros de la antigua. Eso sí, en una calle mucho más viva y transitada que la anterior. Nace así Librería Papelería Carabanchel en Marcelino Camacho, 19. ¡Menuda apuesta! Además, la reforma del nuevo local la han llevado a cabo empresas del barrio, algo que Óscar quiere destacar. “Desde los rótulos hasta la electricidad y los estores”, señala. Porque, ¿quién mejor que los comercios del barrio para apostar por los profesionales de aquí?

Librero y youtuber…

En la nueva Librería Papelería Carabanchel, podréis encontrar material escolar, material de papelería, libros y hasta puzles. Pero sobre todo, mucha profesionalidad. “No te miento si te digo que mi sueño sería ser solo librería, pero es verdad que en Carabanchel no han funcionado tanto como en barrios como Vallecas”. Por este motivo, Óscar Peñate se abrió al mundo de la papelería donde se ha hecho toda una eminencia… en Internet.

Sí, habéis leído bien. Hace un par de años, Óscar decidió abrir un canal en Youtube para hablar de libros, rotuladores, subrayadores, bolígrafos, correctores y hasta juegos. Actualmente, su canal cuenta con cerca de 150 vídeos, más de 2.600 suscriptores y supera ya las 350.000 reproducciones. ¿Su mayor éxito? El vídeo de los bolígrafos borrables, ¿mito o realidad? El caso es que su comprobación sobre este tipo de productos ha superado ya las 40.000 visitas. ¡Ahí es nada! Pero, ¿cómo surgió la idea de convertirse en youtuber?

“Como toda buena conversación, surgió con un par de cervezas con un amigo”, recuerda. “Los vídeos siempre me han gustado y decidí probar. Además, me sirven para conocer los productos y luego poder aconsejar mejor a los clientes. Por eso, cuando me piden algo concreto, sé perfectamente cómo funciona, pues me he encargado de probarlo todo antes”, explica. Y esa comunidad de seguidores, algunos incluso procedentes de Latinoamérica, no ha parado de crecer desde entonces.

Si bien es cierto, su popularidad en Youtube todavía no convence del todo a los fabricantes, quizá un poco anclados en el pasado. “He hablado del canal a mis proveedores y comerciales; saben que funciona muy bien y que muchos de los suscriptores son librerías y papelerías de toda España, pero es verdad que todavía no me han ofrecido productos para poder probarlos en el canal”, reconoce. Pero eso también da mucha libertad a Óscar, que lo mismo un día se pone a explicar qué es un folio que otro prueba, uno a uno, los 23 subrayadores de la edición especial de Stabilo Boss. Y todo desde un punto de vista divertido, pero también muy profesional. Algo que lo convierte en un canal único en España.

Contrarrestando a los gigantes

El problema con el que compiten estas pequeñas librerías de barrio tiene nombre propio: Amazon y Casa del Libro, principalmente. Pero no por todo. Quizá ganen en precio (a veces) e inmediatez, pero no en servicio. Y esa es, como afirma Óscar en el vídeo que abre este post, la carta que guarda en su manga. “Competimos en atención, en servicio, en conocimiento del producto. Nosotros sabemos lo que vendemos y además conocemos a los clientes. Sé qué le gusta a cada cliente y cuando llega algo que les puede gustar lo guardo para ofrecérselo la próxima vez que vengan”, reconoce. Y es que no hay mejor estrategia de venta que brindar una buena experiencia.

Aun así, no cabe duda de que es momento de abrir un debate: ¿De verdad necesitamos los libros en el mismo día en que decidimos comprarlos? ¿No se pueden encargar y esperar cuatro o cinco días como se ha hecho siempre? Vivimos en el mundo de la inmediatez, de la impaciencia, del aquí y ahora, algo que no beneficia a este tipo de comercios de barrio. Este problema se lo encuentra Óscar especialmente con los colegios. “Hay profesores que piden un libro de un día para otro; también es cierto que, muchas veces, ya estoy vendiéndolo con dos meses de antelación porque hay otros profesores más previsores”, asegura.

También es cierto que, muchas veces, los padres llegan muy perdidos a su librería. “Los profesores piden cosas sin concretar y no siempre es fácil acertar. Por eso, digo a los padres que hablen con los profesores para que vengan y me cuenten exactamente qué necesitan”, añade. A veces, los problemas van más allá: “En ocasiones, los profesores piden libros de texto que no han llegado a editarse, porque el comercial que se los ha vendido solo les ha convencido a ellos y las editoriales no los han impreso”, reconoce. Por su parte, hay otros profesores que llevan dos décadas encargando el mismo libro “y las editoriales los dejan de imprimir porque ya nadie los usa”.

Aun con todo, el problema más grave es cuando encarga un libro a una editorial o a un distribuidor y luego lo ve por Amazon más barato. “¿Cómo podemos competir contra eso?”, se resigna.

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Bestseller sí, pero con sentido común

Volviendo al tema de los libros, intuyo que lo que más se vende son los bestseller. “Obviamente, tengo que tener esos libros, pero me pongo límites. Por ejemplo, en mi escaparate y en las estanterías nunca habrá un libro de algún ‘personaje’ televisivo tipo Belén Esteban. Si alguien me lo pide, claro que se lo traigo, pero no van a estar expuestos”, asegura Óscar. “En Navidades, por ejemplo, la gente se deja aconsejar bastante más; ahí es donde puedo explayarme. Me encantaría tener ‘los 1.000 libros que haya que leer antes de morir’. Pero la librería es pequeña y tenemos que hacer uso del encargo”, me cuenta.

Aun así, ahora el local es un poco más grande y cuando la situación lo permita quiere empezar a organizar cuentacuentos, firmas de libros o presentaciones. “En la anterior librería hice alguno con escritores del barrio, pero ahora quiero dar un pasito más allá y hacer cosas más grandes, siempre y cuando se normalice la situación”.

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La unión hace la fuerza

Una de las claves del funcionamiento de las librerías de Carabanchel es la buena relación que existe entre algunas de ellas. “Tenemos que dejar de vernos como competencia y entender que podemos apoyarnos y ayudarnos. Hace un par de años, varias librerías del barrio nos unimos y ha sido genial, pues nos apoyamos unas a las otras. Nos mandamos clientes, hacemos compras conjuntas para obtener mejores precios… Hay sitio para todos y esa ayuda y colaboración entre nosotros es vital”, reconoce.

Y esa unión sale reforzada en un barrio con identidad como Carabanchel. Óscar ha decidido cambiar el nombre de su librería para llamarla así, como el barrio. Y es que, como bien dice, “el barrionalismo funciona”. En su librería puedes encontrar libros sobre la historia de Carabanchel, pero también mascarillas, libretas… “El barrio vende, por eso hace falta esa unión entre comercios”, remarca.

Porque no apoyar al comercio pequeño significa condenarles al cierre y que las calles se queden vacías. Es lo que pasó en la calle Jesús Castellanos. Todo cerró y la Seygar se quedó sola. “Eso me obligó a mudarme”. Una mudanza que realizó con sus amigos y familiares y que le llevó a apenas unos metros de distancia, pero ahora sí en una calle principal, la de Marcelino Camacho. En los primeros días con la nueva librería abierta, asegura que ha escuchado conversaciones interesantes. “Hay gente que dice que llevaba 20 años sin ver una librería o que no iban a la otra porque les pillaba ‘lejos’”, añade. Es más, reconoce con sorna que habrá algún cliente que otro que no visite la nueva por no recorrer esos 50 metros de distancia que las separan.

En todos estos años, Óscar me cuenta para cerrar esta interesante conversación que ha habido gente que ha entrado a su librería para pedirle zapatos, paraguas, pianos o incluso carbón. “Un día vino un señor a preguntarme si le quedaba bien la chaqueta, porque iba a comprarse una de la misma talla y quería estar seguro”. Pero más allá de las anécdotas, no cabe duda de que el hecho de que las librerías perduren en el barrio es una clara evidencia de que la gente sigue pensando. Y eso es lo que más importa.

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