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El motín de las cerilleras de Carabanchel en 1908: el despertar de la lucha obrera feminista

huelga de marzo de 1931 de las cerilleras de carabanchel
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El 24 de agosto de 1908, las cerilleras de Carabanchel protagonizaron un solidario motín. Este conflicto, que comenzó como una protesta contra la negativa de Alejandro Sánchez, director de la fábrica, a permitir la sindicación de las obreras, se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos laborales en una época de explotación y precariedad.

El origen del conflicto

Desde el 10 de agosto de 1908, las operarias de la fábrica de cerillas de Carabanchel Bajo, propiedad de Alejandro Sánchez, exalcalde del municipio, estaban en huelga. Según El Correo Español, la huelga afectaba a 120 trabajadoras, quienes protestaban contra la actitud del propietario y las condiciones laborales impuestas en la fábrica:

«Desde el día 10 del actual se hallan en huelga las operarias de la fábrica de cerillas que en Carabanchel Bajo tiene D. Alejandro Sánchez, exalcalde de dicha localidad. El número de huelguistas es de 120, y la causa de la huelga es el no estar conformes con la conducta que con ellos tiene el amo de la fábrica». (El Correo Español, agosto de 1908)

La chispa del conflicto se encendió cuando el jefe de talleres despidió a varias operarias por razones consideradas arbitrarias, entre ellas encender cerillas en el taller para hacer la gracia con sus compañeras o presuntamente elaborar mal la mercancía. Las compañeras de las despedidas, indignadas por lo que consideraban una medida injusta, decidieron no quedarse calladas y comenzaron una serie de protestas que culminaron en un motín el 24 de agosto.

Trabajadoras de la Fosforera de Carabanchel en 1932

El estallido del motín

La mañana del 24 de agosto, las cerilleras despedidas se presentaron en la fábrica junto a sus compañeras, que habían decidido respaldarlas. Cuando el jefe de talleres descubrió que las despedidas habían vuelto a sus puestos por iniciativa de la junta directiva de la Sociedad «El Trabajo», sociedad fundada en la propia fábrica y que defendía los derechos laborales de mujeres y niños, ordenó su expulsión. La reacción fue inmediata: las trabajadoras, furiosas, abandonaron sus tareas y salieron a la calle entre gritos de protesta.

Las calles de Carabanchel se convirtieron en un escenario de enfrentamientos entre las cerilleras divididas entre quienes querían seguir trabajando y quienes exigían solidaridad con las despedidas. Las discusiones pronto se tornaron en peleas físicas, con golpes, mordiscos y lanzamiento de piedras. En el fragor de la batalla, algunas piedras impactaron contra los cristales de la fábrica, rompiéndolos.

Según El Mundo (24 de agosto de 1908), la tensión creció hasta que se llamó a la Guardia Civil para intervenir:

«Las operarias de la fábrica de cerillas de don Alejandro Sánchez, de Carabanchel, vienen desde hace días dando muestras de un gran disgusto. El jefe de talleres, por un motivo baladí, había despedido a varias operarias, y las compañeras de las cesantes, creyendo injusta la medida tomada, pusieron el grito en el cielo y protestaron de una manera bastante ruidosa, primeramente en la fábrica y más tarde en la calle». (El Mundo, 24 de agosto de 1908)

La Guardia Civil, al mando del teniente Blasco del Toro, intentó dispersar a las amotinadas, pero fue recibida con una lluvia de piedras, resultando el teniente herido en la nariz. Finalmente, los agentes consiguieron restablecer el orden y detuvieron a 13 mujeres, quienes fueron trasladadas a la Cárcel de Mujeres. Entre las detenidas se encontraban María Santos González, su hija Josefa González, Lorenza Herranz y Sandalia Velilla, consideradas las cabecillas del motín.

El periódico España Nueva recogió la intervención de la Guardia Civil con detalle:

«El Sr. Blasco del Toro requirió a las operarias para que depusieran su actitud levantisca. Parece que las amotinadas no escucharon las intimaciones, continuando con sus pedradas, y una de ellas, no se sabe si dirigida con intención, dio en pleno rostro del teniente, causándole una lesión». (España Nueva, 24 de agosto de 1908)

Consecuencias y legado

A pesar de la dura represión, el motín de 1908 marcó un antes y un después en la lucha laboral femenina en Carabanchel. Las cerilleras lograron visibilizar su explotación y fortalecieron su organización sindical. En los años siguientes, continuaron con movilizaciones que finalmente derivaron en avances significativos, como la eliminación del fósforo blanco en los procesos productivos y la equiparación salarial con los hombres en 1931 (en la imagen de portada).

La conflictividad laboral femenina no era un fenómeno aislado. La huelga de las cerilleras de Carabanchel se inscribió dentro de un contexto más amplio de huelgas y protestas lideradas por mujeres trabajadoras en toda España. Desde las cigarreras de La Coruña en 1857 hasta las hilanderas de Gijón en 1903, las mujeres fueron protagonistas de algunas de las primeras reivindicaciones obreras feministas.

Julio Nombela, en La Época de mayo de 1868, ironizaba sobre la capacidad de organización de las mujeres trabajadoras al relatar con sarcasmo cómo un empresario supuestamente logró detener una huelga de cigarreras pidiendo que enviaran «a las tres más viejas y feas» a negociar. A pesar de este tono paternalista con el que los medios de la época trataban estas protestas, las mujeres lograron avances significativos, sentando las bases del sindicalismo femenino en España.

El motín de 1908 no solo representa un hito en la historia laboral de Carabanchel, sino que forma parte de una larga tradición de resistencia femenina en el mundo del trabajo. Las cerilleras de Carabanchel demostraron que la unión y la determinación podían generar cambios, dejando un legado imborrable en la historia del movimiento obrero en España.


Fuente: prensa de la época y Las cerilleras de Carabanchel: organización y resistencia, de Pilar Díaz Sánchez (Universidad Autónoma de Madrid)


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