Portada » Reportajes » Matilde Hernández, la gran benefactora del sanatorio Iturralde
Matilde Hernández, la gran benefactora del sanatorio Iturralde
Comparte
El barrio de Carabanchel, hoy una de las zonas más pobladas de Madrid, fue en su día un refugio de la aristocracia y la burguesía, atraídas por su aire puro y su ambiente tranquilo. Esta fama salutífera fue clave en la decisión del gobierno de la Segunda República de construir un hospital sanatorio para tuberculosos en Carabanchel Bajo, el actual IES Iturralde.
El origen del sanatorio Iturralde
El sanatorio fue posible gracias a la generosidad de Margarita de Iturralde, filántropa de origen cántabro afincada en Trujillo, que en 1931 donó 125.000 pesetas con la intención de ampliar otro centro antituberculoso. Sin embargo, su aportación acabó destinándose a la construcción de uno nuevo en Carabanchel. El Gobierno de la Segunda República completó el presupuesto con una inversión de 500.000 pesetas para levantar un centro destinado a atender a un centenar de enfermos de tuberculosis, una enfermedad que por entonces asolaba España.
Escultura homenaje a Margarita de Iturralde en Trujillo
Pero, ¿dónde se construiría tan necesario centro sanitario? Surge entonces la figura de Matilde Hernández, viuda de Casimiro Escudero, ex alcalde de Carabanchel, e Hija Predilecta de Carabanchel. Hasta la muerte de Escudero en 1920, ambos regentaban un almacén de productos coloniales y un estanco en la calle Real, hoy Eugenia de Montijo.
Conocida como «la tienda de las colas» debido a su numerosa clientela, la especialidad de este comercio «estriba en los garbanzos de Castilla y aceites de Andalucía, así como en las conservas», según recoge una crónica del diario «La Acción» de 1921. En ese momento, fallecido ya Escudero, Matilde seguía al frente del comercio, mientras profundizaba en sus acciones filantrópicas para con su pueblo, Carabanchel Bajo.
«Me acuerdo perfectamente de Matilde Hernández, viuda de Casimiro Escudero», me comentó el nonagenario Jesús Vera cuando le entrevisté. «Era muy mayor; siempre sentada en la puerta del estanco, con un moño blanco», relata Jesús. Matilde murió en 1945 a los 80 años, cuando Jesús contaba con solo 15 años.
El importante papel de Matilde Hernández
Pero la historia de esta gran benefactora de Carabanchel Bajo, nacida en 1865, se vuelve especialmente trágica y simbólica cuando se la vincula con el sanatorio que hoy alberga el IES Iturralde. Se dice que Matilde perdió a un hijo por culpa de la tuberculosis, enfermedad que en la época era un verdadero azote para las familias.
Ciertamente, no hemos encontrado una información tan precisa, pero sí podemos afirmar que Matilde y Casimiro perdieron dos hijos con muy corta edad. El pequeño Joaquín Escudero falleció en 1905 con apenas 13 años, mientras que el primogénito, Casimiro Escudero y Hernández murió en 1912 a la edad de 22 años. Ambos, están enterrados junto a sus padres en el cementerio parroquial de San Sebastián.
Al parecer, determinada a hacer algo por quienes sufrían la misma suerte que ella, donó parte de sus terrenos en octubre de 1931 para levantar el sanatorio financiado por Margarita de Iturralde y el gobierno republicano. Finalmente, se levantó en la pequeña colina donde hoy se encuentra el instituto, en el cruce entre las calles Ocaña y Nuestra Señora de la Luz.
El Sanatorio Iturralde en 1933
Dio trabajo a 100 obreros
Así lo contaba el diario «La Libertad» de Madrid en octubre de 1931. «Se anuncia -en un pleno- que había estado en este pueblo el inspector general de Sanidad para estudiar el sitio en que ha de instalarse el futuro Sanatorio antituberculoso, para cuyos fines doña Matilde Hernández, dama de Carabanchel, que a diario está realizando obras caritativas, y previas gestiones que para este asunto ha hecho el alcalde, Sr. Valentín Segurado, dicha señora ha ofrecido gratuitamente un solar de su propiedad».
Cabe destacar que, a propuesta de la presidencia del pleno, «se acuerda dar un vot de gracias a doña Matilde Hernández por su generoso ofrecimiento, y que al dispensario que irá anexo al sanatorio se le dé el nombre de la expresada señora». Además, el proyecto supondría un alivio para la crisis laboral de la época, ya que se decidió que la obra sería realizada por obreros de la localidad. Sin duda, con este gesto, Matilde Hernández dejó una huella imborrable en la historia de Carabanchel, vinculando su nombre a una de las infraestructuras sanitarias más importantes de la época.
Aun así, y si bien el sanatorio se levantó en terrenos donados por Matilde Hernández, el centro llevó el nombre de Margarita de Iturralde en reconocimiento a su aportación económica. Esta distinción refleja la importancia que el gobierno republicano dio a su filantropía, que se extendió a otras obras benéficas en España.
Matilde Hernández, clave en la llegada del agua al pueblo
Pero la del sanatorio no fue la única acción filantrópica que hemos encontrado de Matilde Hernández. Años antes, en 1923, siendo concejal el fontanero Manuel Antoranz, padre de Antonio Antoranz, Matilde Hernández cedió también otros terrenos para colocar varios depósitos de agua.
Depósito de agua inaugurado en 1923
En aquellos años, el agua que llegaba a la fuente de la Mina no lo hacía en buenas condiciones, por hundimientos y embalses sucios, por lo que propusieron un encauzamiento directo desde el manantial. Experto en viajes de agua, Antoranz, que ya había llevado el agua al reformatorio del doctor Esquerdo, entre otros lugares, culminó una obra perfecta que pudo llevarse a cabo gracias a la cesión gratuita de las tierras de Matilde. Desde agosto de 1923, Carabanchel contó con 80.000 litros diarios de agua, cinco fuentes y 32 bocas de riego.
Además, como bien recogen periódicos de la época, Matilde Hernández visitaba domicilios de enfermos y pobres y colaboraba activamente con el ropero, donando sábanas, mantas, trajes y calzado.
Por este tipo de acciones altruistas, Matilde Hernández y su marido Casimiro Escudero han sido honrados con calles que llevan sus nombres en nuestro distrito, un testimonio de la importancia que tuvieron en la historia del pueblo. La calle de Matilde se encuentra en una zona clave del barrio y es un recuerdo de su legado. Cuando se inauguró, unía una nueva e importante barriada, la del Tercio, con el casco histórico de la localidad, a través de la plaza de toros. Esta barriada del Tercio nada tiene que ver con el Tercio Terol, sino que se refiere al barrio aledaño a la parroquia de San Roque.
Pero, ¿qué fue del sanatorio Iturralde?
Ubicado en la mencionada colina, el sanatorio contaba con un edificio largo de tres plantas con amplios ventanales y un jardín botánico (todavía existente) que lo separaba de los campos y vaquerías que descendían hasta el cementerio de Carabanchel Bajo. Su emplazamiento aislado era ideal para evitar contagios, una preocupación clave en aquellos tiempos.
Sin embargo, y aunque su inauguración estaba prevista para 1933, no abrió sus puertas hasta 1935. Y, obviamente, trajo polémica, puesto que los medios conservadores elogiaron al gobierno conservador radical-cedista por el proyecto, cuando se había construido en el bienio anterior, gracias al proyecto del doctor socialista Marcelino Pascua.
¿Por qué ha estado dos años sin funcionamiento?, se preguntaba el diario «Democracia». La respuesta es clara, decían: «Porque no saben o no quieren». En su opinión, «en el sanatorio de Carabanchel sólo ha habido incapacidad primero; incuria (negligencia), después». Al parecer, en esos dos años de parón de las obras, se pusieron monjas (Hermanas Mercedarias) al frente de la gestión del centro y se construyó un oratorio para el culto católico. «Y según nos cuentan, ya hay coacciones para que el personal subalterno y los enfermos se sometan a las prácticas religiosas, sea cual sea si íntimo sentir», concluyen.
El ex alcade Segurado responde
Valentín Segurado
El propio ex alcalde Valentín Segurado afirmó que a mediados de 1933 el centro estaba terminado y amueblado y con empleados en sus puestos. «Y a primeros de 1934 todo el personal, lo mismo masculino que femenino, practicando en sus destinos. Y en el mes de mayo del mismo año, ya funcionaban las cocinas, con todo el personal adecuado», resalta. Solo faltaban los enfermos, «que estaban año tras año esperando su turno», pero estos nunca llegaron.
Segurado denuncia en este artículo que la verdadera razón detrás del parón no fue una reorganización del personal, como argumentó el director de Sanidad de la época, sino una purga ideológica encubierta. Según su testimonio, los trabajadores que habían ingresado primero al sanatorio y que habían soportado duras condiciones laborales, con sueldos de apenas cinco pesetas mientras hacían guardias en pleno invierno, fueron despedidos por negarse a contribuir con parte de su salario a la suscripción destinada a la «fuerza pública». En contraste, aquellos que sí lo hicieron o que pertenecían a Acción Popular fueron los primeros en ser readmitidos cuando el centro finalmente reanudó su actividad.
Entran las monjas
Segurado también señalaba otra irregularidad: la sustitución de mujeres trabajadoras por monjas. Según él, muchas de estas mujeres, algunas viudas y madres de familia, habían dedicado más de un año a limpiar y acondicionar el edificio en condiciones muy duras, obligadas incluso a usar productos como agua fuerte, totalmente prohibidos en un centro sanitario estatal.
Sin embargo, en lugar de ser reconocidas por su esfuerzo, fueron despedidas cuando el sanatorio empezó a funcionar. Este episodio, denunciado con firmeza, evidencia cómo la gestión del sanatorio se había convertido en una cuestión política y no solo en un proyecto de salud pública, retrasando su puesta en marcha y afectando a quienes inicialmente se habían esforzado en su habilitación.
Y tras la guerra civil…
El sanatorio Iturralde sufrió graves daños durante la guerra civil, sobre todo en aquellos primeros días de noviembre donde los sublevados intentaron, sin éxito, tomar la capital entrando por Carabanchel. Por eso, hubo que reconstruirlo y reinaugurarlo tras el conflicto.
Esta segunda puesta de largo tuvo lugar en agosto de 1940 y a ella asistió el mismísimo Ramón Serrano Suñer, ministro de la Gobernación. Se bendijo la capilla del sanatorio y se izó la bandera nacional en lo alto del edificio. En la crónica que hemos encontrado, no menciona si Matilde Hernández estuvo o no presente en el acto, aunque todo parece indicar que no asistió. Quien sí estuvo presente, obviamente, fue José Codina Suqué, el médico que se encargó de dirigir el centro desde entonces.
El Sanatorio Iturralde. Imagen publicada en El Mundo y extraída del libro «Aluche»
Así lo recordaba José Antonio Valverde
Por último, de esta segunda época, tenemos la descripción de José Antonio Valverde, biólogo y naturalista, conocido como «el padre de Doñana«, que fue paciente en el sanatorio en 1945. Dejó una vívida descripción en su libro «Memorias de un biólogo heterodoxo«:
«El sanatorio estaba en una colina batida por el viento y convenientemente aislado porque entonces se temía a la tisis. Era un edificio largo de tres plantas con un jardín delante separado por una alambrada de los campos arados que descendían hasta donde se encontraba el cementerio de Carabanchel Bajo con sus cruces blancas. Detrás del cementerio había una cuesta y coronándola la cárcel, con cinco centinelas que en la noche se llamaban cada cuarto o media hora: ‘Centinela aleeerta’. ‘Aleeertaa el uno’. ‘Aleeerta el dos’. ‘Aleertaa el tres’. ‘Aleeerta está’. Eran voces jóvenes y amigas, fuertes, que llenaban el vacío y acompañaron las pocas noches insomnes de mi juventud».
Visita al sanatorio Iturralde. En torno a 1950. Memoria de Madrid
Con el tiempo, la mejora de los tratamientos antibióticos contra la tuberculosis redujo la necesidad de estos centros, y el sanatorio cayó en desuso. El sanatorio Iturralde cerró en los años 70 y quedó abandonado durante un tiempo, con mobiliario y equipos médicos aún visibles. Sin embargo, un dato poco conocido es que, antes de convertirse en el Instituto de Educación Secundaria Iturralde en 1988-1989, el espacio fue utilizado temporalmente como parroquia católica
Durante esa etapa, una parte del sanatorio fue adaptada para el culto religioso, posiblemente gestionado por las monjas mercedarias que trabajaron en el hospital desde su inauguración. Esta reutilización del espacio coincidió con la transformación de otros hospitales en la época, cuando muchas instalaciones sanitarias quedaron sin uso por los avances médicos y el cambio en las políticas de salud pública.
Las leyendas del Iturralde
El antiguo sanatorio no solo dejó huellas en la historia del barrio, sino también en el imaginario colectivo. Son muchas las historias de apariciones y sucesos inexplicables que se han relatado a lo largo de los años.
Años después, cuando se construyó la cancha, algunos trabajadores afirmaron haber encontrado restos óseos que podrían pertenecer a niños enterrados allí durante la época del hospital. Hay quien dice incluso que por las noches se pueden escuchar el eco de balones rebotando y risas infantiles en las inmediaciones…
Un legado imborrable
Más allá de las leyendas, no cabe duda de que Matilde Hernández no solo dejó su nombre en una calle de Carabanchel, sino también en la memoria de quienes la conocieron y en la historia del barrio. Su vínculo con el sanatorio Iturralde se ha convertido en parte del relato colectivo del instituto. Hoy, su tumba en el cementerio de San Sebastián sigue siendo un testimonio de una época en la que la tuberculosis marcó el destino de muchas familias en Carabanchel.
En definitiva, el IES Iturralde, con su mezcla de historia, misterio y educación, sigue siendo un símbolo de cómo el pasado puede entrelazarse con el presente, recordándonos las huellas imborrables de aquellos que, como Matilde Hernández, dejaron su impronta indeleble en nuestro querido barrio.
Les agradezco toda esta información sobre la gran señora Matilde Hernández, que para mí hasta ahora era el nombre de una calle, y también sobre la historia del Iturralde, centro donde estudiaron mis hijos.
En PorCarabanchel utilizamos cookies para mejorar tu experiencia de navegación, analizar el tráfico de la web y ofrecerte contenido adaptado a tus intereses. Puedes aceptar todas las cookies, rechazarlas o ajustar tus preferencias.
Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
Les agradezco toda esta información sobre la gran señora Matilde Hernández, que para mí hasta ahora era el nombre de una calle, y también sobre la historia del Iturralde, centro donde estudiaron mis hijos.