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Antonio Antoranz, un alcalde muy comprometido (II)

ayuntamiento carabanchel bajo 1926, poco antes de que Antonio Antoranz fuera alcalde

Después de aquella entrevista, preguntándole por la posible anexión a Madrid, las preocupaciones de Antonio Antoranz como alcalde se dispararon. Estamos en 1930, un año convulso y con gran inestabilidad política en nuestro país. Pero él, como carabanchelero convencido, solo miraba por el bien de sus vecinos…

-> Antes de seguir, te aconsejo que leas la primera parte: Antonio Antoranz, un alcalde muy comprometido (I)


La falta de alumbrado, otra de sus preocupaciones

Como consejero de la cooperativa eléctrica, una de las mayores preocupaciones de Antonio Antoranz fue la de dotar al pueblo de la iluminación suficiente. Carabanchel estaba creciendo, habían nacido barrios en la zona de Urgel (como el del Porvenir del Artesano); también en la zona de Humanitarias o en los aledaños de la plaza de toros en dirección a la actual calle Oca… y el alumbrado era muy escaso. De hecho, en noviembre de 1930 anunció que tenía prevista una reunión con los representantes de las empresas que suministran el alumbrado a Carabanchel Bajo con el fin de que el servicio mejorara tanto en las calles céntricas como en los barrios.

Apenas dos semanas más tarde, el periódico La Libertad echaba más leña al fuego entrevistando a un albañil de 19 años que había sido atracado cuando caminaba a su casa de la calle Ángel Ripoll (a espaldas de la Finca de Vistalegre) desde la parada del tranvía de Puerta Bonita.

El propio alcalde volvió a salir a la palestra para reconocer que haría todo lo que estuviera en su mano para reparar ese problema que tanto afectaba a Carabanchel Bajo. Es más, hasta dejó entrever que podría obligar a la Empresa de Tranvías a cubrir esta carencia, pues era quien más se beneficiaba de este tramo que discurría desde el comienzo del pueblo (calle Radio – zona de Mataderos) hasta la plaza de la Palmera.

Y la negociación dio resultado. El 26 de diciembre de 1930, el diario La Voz anunciaba que el ayuntamiento y la compañía suministradora del fluido eléctrico estaban cerca de llegar a un acuerdo para mejorar el alumbrado del pueblo sin que esto afectara considerablemente a las arcas municipales. «Ya iba siendo hora de que se hiciera algo en este sentido, pues Carabanchel Bajo, como infinidad de veces hemos dicho y hoy volvemos a repetir, se encuentra en un estado verdaderamente deplorable en lo que se refiere al alumbrado eléctrico. Pocas luces y malas, diseminadas unas de otras por cantidades enormes de metros, la mayoría de las veces apagadas, y existiendo algunos barrios casi pudiéramos decir que a oscuras por completo», rezaba el diario.

Antonio Antoranz señalaba que en el primer trimestre de 1931 el problema se vería resuelto. El alumbrado público iba a llegar a todas las barriadas para alegría de los vecinos.

antonio antoranz alcalde de carabanchel

Antonio Antoranz

Fiestas de San Sebastián

Asimismo, Antonio Antoranz recuperó las fiestas de San Sebastián en enero de 1931 y repartió comida para 450 pobres de la localidad. Lo más curioso es que en febrero, el cura de San Sebastián exigió al pleno el pago de 172 pesetas que se adeudaban por haber alimentado a esos pobres. Cabe reseñar, como veremos en el siguiente epígrafe, que Antoranz había dimitido de su cargo a finales de enero.

Antoranz acudió como espontáneo a ese pleno para achacar mala gestión y mala praxis a la Junta de Mendicidad y Protección a la Infancia de la parroquia. En primer lugar, le sorprendía que el ayuntamiento hubiera accedido al pago de la mitad de los 450 bonos otorgados (a 5 pesetas cada uno), pues, al parecer, cuando era alcalde esta Junta decidió afrontar este reparto de comida porque tenía hasta siete mil pesetas de fondo, por eso decidieron aumentar de 250 a 450 raciones de comida. Ahora, no entendía por qué reclamaban la mitad de ese desembolso ni las 172 pesetas que además exigía el párroco.

Además, censuró a la Comisión Municipal Permanente por haber accedido a este pago y hasta se mostró dispuesto a pagar la deuda que reclamaba el cura de su propio bolsillo. «No podía tolerar como alcalde que el día del patrón del pueblo ningún hijo o vecino de Carabanchel se quedara sin comer», remarcó en ese pleno.

Dimisión en enero de 1931

Y es que, como decíamos, Antoranz ya no era alcalde de Carabanchel Bajo. El 28 de enero de 1931, el diario La Libertad recogía en una crónica la dimisión de Antonio Antoranz García como alcalde del pueblo. El Gobierno de Dámaso Berenguer obligó a todos los municipios a constituir una Comisión Municipal Permanente con tres tenientes de alcaldes. Para estos puestos se eligió a Julián de Frutos, Argeminio Blanco y Francisco Casaurranz. Antoranz no parecía muy de acuerdo con la noticia ni con las decisiones de Berenguer, por eso se veía más fuera que dentro de la alcaldía.

Así que antes de forzar una dimisión, Antonio Antoranz  decidió dimitir. Teniendo noticia, afirma, de que por reciente acuerdo del Consejo de Ministros poco le queda a él, como a otros alcaldes de real orden, para continuar desempeñando el cargo, aprovecha ese momento para despedirse de sus compañeros. Igualmente, se ofrece para seguir desde fuera del ayuntamiento trabajando en favor de su tierra natal. Al abandonar el salón, el público le ovaciona en pie.

En ese momento, Julián de Frutos toma posesión de la alcaldía de forma interina hasta que el Gobierno de Berenguer decida al sucesor de Antoranz.

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Candidato en Asociación Democrática

El 21 de marzo de 1931, el diario La Libertad anuncia, apenas dos meses después de su dimisión, que había nacido un nuevo partido en Carabanchel Bajo denominado Asociación Democrática. «En dicha agrupación, de pura idea izquierdista, que aspira a que el Ayuntamiento de Carabanchel Bajo haga una recta administración de sus bienes, lucharán por el puesto para candidato a las elecciones municipales Antonio Antoranz García, que ha ejercido el cargo de alcalde hace poco; el perito mercantil, hoy teniente de alcalde, Francisco Casaurranz o el presidente de la Unión Mercantil, Fuentes Ramírez, entre otros».

Y el 14 de abril de 1931 llegaron las elecciones municipales que darían pie a la Segunda República y que en Carabanchel Bajo, «se celebraron con una tranquilidad absoluta». Entre los socialistas y republicanos destacan Valentín Segurado y Atilano Brell, una de los políticos más relevantes del Carabanchel de esos años. Antonio Antoranz salió también elegido por su partido de Asociación Democrática.

Cabe destacar que en ese momento, el ayuntamiento de Carabanchel Bajo constaba de 26 concejales. Seis de ellos salían del denominado Distrito del Centro (el actual casco histórico). Siete se elegían en el Distrito del Terol (no confundir con el Tercio Terol que no existía todavía, sino que equivale al barrio actual de Vistalegre) y 13 para el barrio de Mataderos (o Guzmán el Bueno), es decir, la zona actual de Urgel y la colonia del Porvenir del Artesano. Por tanto, el ayuntamiento quedó  dividido en 18 concejales socialistas y republicanos, seis liberales y dos izquierdistas de Asociación Democrática (Antonio Antoranz y Francisco Casaurranz).

Finalmente, se nombró alcalde a Valentín Segurado, del distrito de Mataderos. El nuevo gobierno no dejó de lado a los dos demócratas izquierdistas que habían sido elegidos, por eso Antonio Antoranz fue nombrado delegado de Aguas y Francisco Casaurranz fue el nuevo delegado de Personal.

El préstamo lesivo

Uno de los temas que más preocupó siempre a Antonio Antoranz durante sus meses de alcaldía fue el empréstito que el Ayuntamiento de Carabanchel Bajo había asumido durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Durante esos años (1924-1930), el alcalde de Carabanchel fue Leandro Teresa, recordado por haber acometido importantes obras como el matadero que existe en la calle Padre Amigo y que hoy está destinado a servicios de limpieza. Tanto le preocupaba a Antoranz la situación de ese crédito que pagó de su bolsillo un informe para poder analizar su trasfondo.

Según denunció Antoranz al nuevo gobierno republicano, y en base al informe que él mismo había pagado, ese ayuntamiento asumió un préstamo de 2,5 millones de pesetas, por el que se debían pagar 156.401,04 pesetas anuales durante 50 años. Eso hacía que los 2,5 millones se convirtieran en 7.820.052 pesetas.

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El alcalde Leandro Teresa (1924-1930). Imagen digital en blanco y negro. Donada por Sonia Dorado Martín.

Tras analizar este informe y las alegaciones de Antoranz, el pleno considera lesivo para el interés del municipio los acuerdos referentes al empréstito que se concertó con el Banco de Crédito Local de España. También se declaró lesivo el contrato de obra que el ayuntamiento adjudicó (a dedo) en aquel momento a la Compañía de Contratas Madrileña (por aquel entonces ya desaparecida) que, al parecer, había duplicado el presupuesto de algunas de las obras a acometer.

En definitiva, el pleno decide, en un acuerdo histórico, llevar a la vía contencioso administrativa tanto el crédito como la adjudicación de la obra. Por último, deciden pedir responsabilidades civiles a los funcionarios que cerraron el acuerdo por no ver la lesividad y a los concejales del Ayuntamiento que por mayoría votaron a favor de este préstamo en su momento.

Antes de cerrar esta importante sesión plenaria de mayo de 1931, Antoranz se congratuló de que el Ayuntamiento estuviera de acuerdo con el informe que encargó y pagó siendo alcalde y que se abra el camino judicial para hacer justicia. Tras esto, recibió una sonora ovación. Cabe destacar que el interés del pueblo de Carabanchel Bajo en este tema fue mayúsculo, llenando el salón de plenos, los pasillos y las escaleras del ayuntamiento, hoy junta municipal.

1934: Nombrado diputado provincial

Tras las elecciones de 1933 y la victoria de los partidos de centro-derecha, el clima político en España se recrudeció. Sin duda, la revuelta más importante tuvo lugar un año después, en octubre de 1934, con la famosa Revolución de Asturias, impulsada por el PSOE.

En Madrid, la situación era muy tensa. La UGT había declarado huelga general el 5 de octubre, una huelga que se prolongó durante ocho días. Hubo tentativas de asalto a la Presidencia del Gobierno y se escucharon múltiples disparos que acabaron con los sublevados encarcelados.

Ante este clima de inestabilidad, el gobierno republicano decidió destituir a todos los cargos gestores que, siendo concejales, formaban las comisiones gestoras de las Diputaciones. Tras esta decisión, los nuevos diputados provinciales pertenecerían exclusivamente a los partidos CEDA y Radical, esto es, a los partidos que compartían el gobierno. Fue así como Antonio  Antoranz se convirtió en diputado provincial, encargado de la cartera de Hacienda y siendo suplente en las de Salubridad e Higiene, Vías y Obras. Esta elección nos da a entender que en esos años su partido de Asociación Democrática había virado hacia la centroderecha como también había ocurrido con el Partido Radical de Alejandro Lerroux, que lideraba el gobierno en ese momento.

El enfrentamiento entre Antonio Antoranz y el bloque de izquierdas se recrudeció en ese mes octubre de 1934 cuando, una vez reprimida la Revolución de Asturias, la Diputación Provincial decidió organizar una corrida de toros patriótica a beneficio de las fuerzas del Ejército, de la Guardia Civil, Carabineros, de Asalto y Seguridad que habían logrado sofocar el movimiento revolucionario. Como buen aficionado a los toros e incluso torero en algún que otro festejo, Antonio Antoranz estuvo en esa junta organizativa.

Cambio de Ayuntamiento

El 19 de noviembre de 1934, el Ayuntamiento de Carabanchel cambia de nuevo de signo. Entrarían 12 concejales pertenecientes al partido radical y 14 a la CEDA. Ante el clima de crispación, el gobierno nacional decide expulsar a todos los concejales de izquierdas de los ayuntamientos de España.

El nuevo alcalde de Carabanchel Bajo sería Joaquín Armengot, del Partido Radical. «Dio posesión a los nuevos gestores, en representación del gobernador civil de la provincia, el gestor de la Diputación provincial, don Antonio Antoranz», reza el diario La Libertad del 20 de noviembre de 1934.

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Entre tanto clima de crispación y tensión, la nota alegre llega en marzo de 1935, cuando el mismo diario de La Libertad recogía la elección de Miss Carabanchel 1935, título que recayó en la carabanchelera Agustina Gallego. Entre los miembros del jurado que concedieron este reconocimiento, se encontraba el propio Antonio Antoranz en su calidad de gestor provincial.

Y es que apenas un año antes del estallido de la Guerra Civil, el pueblo de Carabanchel Bajo intentaba vivir con cierta tranquilidad y normalidad. El diario La Nación, del 20 de abril de 1935, recoge asimismo cómo se celebró la procesión de Viernes Santo por las calles del casco histórico. La Banda Municipal, dirigida por Victorino Echevarría, acompañaba a los pasos, llevados en andas por personas del pueblo. Entre la multitud se encontraba Antonio Antoranz, ya en condición de ex diputado provincial.

Sin embargo, en septiembre de ese año, y tras la dimisión de los cedistas, fue nombrado de nuevo , esta vez como delegado de Enseñanza y Cultura.

Última aparición pública

España celebró sus últimas elecciones generales democráticas antes de la guerra civil en marzo de 1936. Antes de su celebración, el cine Bellón de Carabanchel, que estaba situado en calle Francisco Romero (después fue la zapatería Los Guerrilleros) acogió el 2 de febrero de 1936 un mitin de propaganda del bloque de derechas, tal y como lo recoge el diario La Nación.

Antonio Antoranz presidió el acto y presentó a los diferentes oradores, de nuevo en su función de ex diputado. «Importa destacar que por primera vez dentro del cinturón rojo que rodea Madrid se ha podido celebrar un acto de propaganda derechista en el que se ha puesto de relieve el enorme entusiasmo del público que llenaba totalmente el local y que lo formaban en crecida proporción las mujeres carabancheleras que exteriorizaron su fe que las llevará al triunfo de sus ideales», reseñaba el periódico conservador de Manuel Delgado Barreto. «No se registraron incidentes», concluía.

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¿Qué pasó después?

No hay ninguna información más acerca de Antonio Antoranz después de aquel mitin en el Cine Bellón. Solo sabemos, según su lápida, que murió el 26 de julio de 1936, apenas una semana después del golpe de estado que dio lugar a la Guerra Civil.

Como decíamos en el primer artículo sobre la vida de Antoranz, el documento «Toponimia franquista en las calles de Madrid» afirma que Antonio Antoranz era alcalde interino de Carabanchel Alto desde el 19 de noviembre de 1934. Sin embargo, según remarca la prensa de la época, ese día Antonio se encontraba en el Ayuntamiento de Carabanchel Bajo, apoyando al nuevo alcalde Joaquín Armengot en su condición de gestor de la Diputación Provincial. Por tanto, podemos aventurar que esta información no es correcta.

Además, he preguntado a algunas personas mayores que tuvieron relación con los últimos ayuntamientos de Carabanchel Alto para ver si tienen algún recuerdo de que Antoranz fuera alcalde. Nadie lo recuerda.

Entonces, ¿fue fusilado? Quién sabe. En estos momentos, estoy buscando su certificado de defunción, ojalá lo encuentre en el cementerio parroquial de San Sebastián, donde está enterrado.

No cabe duda de que los milicianos tomaron los dos Carabancheles en el momento en que estalló la guerra civil y lo controlaron a su antojo hasta que en los primeros días de noviembre de 1936 el bando nacional golpista se hizo primero con Carabanchel Alto y apenas un día después con prácticamente todo Carabanchel Bajo, pues las trincheras se colocaron entre las calle Oca (entonces del Ferrocarril) y calle Radio. Y ahí estuvieron hasta marzo de 1939, pero eso será fruto de otro reportaje.

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Foto portada: El Ayuntamiento de Carabanchel Bajo en 1926. Imagen digital en blanco y negro. Donada por Sonia Dorado Martín.

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